miércoles, 30 de mayo de 2007

Soy una abierta ventana que escucha,
Por donde va tenebrosa la vida.
Pero hay un rayo de sol en la lucha
Que siempre deja la sombra vencida.
( Miguel Hernández)

No!
No!
No!
No partirán mis dientes con palabras descompuestas.
Morderé antes sus huestes de lata engreída por nuestro óxido
Hasta que pare el rechino de las encías
Los bramidos de rabia quebraran mi pecho
Sobre el confín del precipicio
Donde rastrearé el principio que valga la pena,
Que carezca de fin
Por todos,
Por todos los medios.
Sólo una salvación queda a los vencidos:
No esperar ninguna.
No esperar.
Dejé ya de llorar sabia por enteras heridas
He llegado hasta aquí para eso.
Por eso.
Lavarse las manos y volverlas a ensuciar.
Y poderle contestar:
¿Y tu papá,
Tú que hiciste?
Soltar los brazos.
Flamear pero no apagarme.
No desesperar.
Demasiado brillo enrabiado en esta habitación a oscuras.
No esperar
Juntos cegar.
Ahora falta:
Desenterrar el efecto que se agolpe
Y regar la simiente del uno que somos todos.
Si!
Si!
Si!

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