Hasta que separen la garganta de mi cuello
y el cuello de lo que pienso
quedarán sus oídos colapsados
por la lengua que no les pertenece
jamás de llagas mordida.
Y el brazo que no tuercen
caerá sobre sus frentes
de medio dedo que cuenta
y ríe mientras lo hace.
Alentaré al pecho
si cercenan mi resuello,
pues el cese de la rabia
que han avivado,
leño a leño,
con esa existencia
por encima del hombro,
no está muerta.
No es inerte.
Y desde el fuego
la ira que no se esperan
se volverá
contra todos
ellos
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