miércoles, 20 de junio de 2007

Querencias.

Deseo adormecer con mi voz todo lamento.
Y despertar.
Susurrar al oído de sordos que saben de tiempo.
Y olvidar.
Engendrar la palabra, firme y precisa, aire de viento.
Y partirla.
Pido el momento de la voz concéntrica de los ecos
Que vincula lo propio con lo común y con lo alterno
De tengos de luz tenue y perenne
Que empujan en la frecuencia de lo mismo
Vida que marcha con soledad,
Esperanza,
Sueño,
Calor,
Muerte
Y frío.

Pero todavía no puedo. No puedo….

Alborotados vuelcos sin un puto resquicio de cohesiones o certitudes
Abocadas todas,
A agujerear la oscuridad que nos embute.
Que nos construye, que nos destruye.
Para mezclarse entre cabezas que lo piensan.
Que sienten lo mismo.
Y socavar con cimientos parecidos,
El leve peso de la unión más dispersa,
Pero
Enraizadamente engañosa
De las almas.

Pero todavía no puedo. No puedo….

No hay claves, no llevo llaves.
No busco secretos.
Ni acercar el vacío necesario de los espacios que son humo.
Ni la brisa llena de duda,
Juventud que tiene en la locura,
el calor del aliento en su lugar y su aliento.
Sólo más voluntad enrabiada de cercar fracasos continuos.

Pero todavía no puedo. No puedo….

Pido lo que tengo,
merezco lo que digo.
Y más guerra seca haciendo sitio.
Y más versos sobre lo mismo.
Temprano estrecho la latente ilusión
De la sonrisa
Del niño.
Mundo feroz enterrador de gemidos celestes,
Génesis etéreas de esencias complejas.
Particularidades de lo vivo.

Pero todavía no puedo. No puedo….

Pero sabed,
Lo persigo.

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