miércoles, 18 de julio de 2007

Recuerdo esa imagen en la que acurrucabas palabras en un montoncito. Y yo te observaba y te envidiaba. Porque mis palabras se quedaban pegadas a mi mano por el sudor cuando yo intentaba acurrucarlas, y para despegarlas sólo podía chuparlas. Y una vez dentro las digería, y nunca más volvían a salir.
Y tú, en blanco y negro venga a amontonar.

3 comentarios:

Luciérnaga dijo...

Conozco cada rincón de mi alma, menuda putada. Y sabía que no soportaría el silencio. Perdón por esta caca. Perdón por todas las cacas.

Sergio dijo...

Aquí todas las cacas valen más, que los precios que nos quieren hacer engullir. Y tú eres un bicho con tanta luz que te da miedo brillar lo que quieras. Vale????, que no me tenga que enfadar...
Un beso

EL BUSCADOR DE ... dijo...

peor que no soportar el silencio es que el es que el silencio no te soporte (como me pasa a mi)... y
aprende biología del abuelo, la caca de las luciérnagas es florescente, de ahí su nombre.