domingo, 18 de noviembre de 2007

Abuela

Abuela sigue tú secando
costras en la herida
que yo seguiré contando
tus miserias peleadas sin espada,
tu hambre, tu guerra…
hasta tu sonrisa callada
en la deflagración pomposa
de tus recuerdos damascos.

En tus manos vino, heladas bajo el agua,
helado para el niño, sin reposo en la faena,
que mi abuela a los 11 inviernos
fue heladera.

Con tus primeros zapatitos blancos,
el mundo entero atado a tus pies
y a tus pies los pliegues de la vida
y la vida de tu piel
y la piel de tus recuerdos…

¿Qué será de tus vestigios abuela?
de tus jornadas abriéndose
soles como puños,
de tu llagas cerrándose
dispares al viento
cansadas de matar nostalgias.

Qué calentito se está en tu corazón abuela mía.


4 comentarios:

Manual de Antrología dijo...

preciosa la contraposición helado y corazón... es un poema muy emotivo que nos hará a todos pensar en ella (o ellas). un bonito homenaje

un saludo

Velocet dijo...

En ellas, en ellas.

Las batallitas de las mías me llegaban mientras jugaba con muñecos sobre la mesa. Ojalá pudiera escucharlas ahora con más atención :/

Bonito :)

Anónimo dijo...

Me he emocionado al leerlo, me he hiperemocionado al leerlo, tiene una fuerte carga sentimental y sugiere además otras muchas cosas. Me recuerda lo olvidaba que tengo a mi abuela. Por cierto, ¿La foto de que año es?

Castillo Pelegrín dijo...

No te dije, por eso del espacio (aunque no le parezca del todo bien a Lucía), pero me encanta la labor, el espíritu que le pones...Y ya tengo ganas de ver la otra foto que me dijíste, con su poema. Un beso generala
pd: haz el favor de no ver tanto cine, que no se puede dar contigo, o no me des tanto espacio...
Un beso y Salud