martes, 19 de febrero de 2008

Microrelato

La fortuna quiso que Diego fuese gordito como su gemelo. Ambos poseían también los ojos marrones, y el lado izquierdo de la comisura de su labio ondulaba hacía abajo al sonreír.
Su original sonrisa, dejó de serlo el día que, atrapado en la pared de la incubadora, observó como la comisura del lado derecho del hermano ondulaba hacía abajo en un gesto reflejo.
Fue en ese mismo instante en el que Diego dio fin a su originalidad infinita, para entregarse a una vida llena de fastuosa duplicidad que permanecería anclada en cada albor de los días.
Le gustaba leer desnudo y comprobar con escrupulosa normalidad como se repetían las líneas corporales, las arrugas, los pliegues, todos repetidos en el cuerpo de su hermano con un esmero infinitamente estresante.
El día que aprendió a tocar la guitarra, a los diez años, comprobó que la virtuosidad que ofrecían sus dedos, le fue otorgada también a su gemelo, que en uno de sus tantos gestos reflejo, tocó con él cada noche de ensayo en la habitación compartida.
Y si compartió en sus andares la mayoría de las cosas con su doble, tenía reservado en el fondo del baúl, como el mayor de los baluartes a sus amigos.
Un sábado por la noche salió a cenar con ellos a un bar cerca de casa. Entre la diversión y las carcajadas de la cena, echó su copa sobre el pantalón y se levantó un momento para ir al baño. En el baño, dos señores que esperaban, hablaban de sus respectivas mujeres. Segundos más tarde, Diego, con la cara llena de apatía observó como su hermano esperaba también en el baño su turno para mear. Si algo decidió no compartir con él, si había quizás alguna cosa que no iba a dejar al alcance de su hermano, eran sus amigos.
Aquella noche, al llegar a casa, espásmico por el reencuentro, con la risa entrecortada y la comisura del labio recta, decide matar a su hermano.
Y por eso espera cada pestañeo crepuscular para llegar a cabo el cometido, temblándole las piernas, gritando en silencio enfundada la garganta seca, destilando sudor letárgico en cada una de sus entrañas despiertas.
Y varios días después con sus respectivas noches, se decide.
Llenada su cabeza de la valentía necesaria y el alcohol exacto para comenzar con el cometido, se levanta de la cama, avanza dos pasos. Allí está su hermano, confundiéndole con el mismo pijama a rayas.
Es entonces cuando se da cuenta de que en esta idea tampoco fue original.
Hundido con el barco naufragado, erguido entre las trizas del ejército derrotado, allí está, observando al hermano que posee el mismo puñal, los mismos ojos, la misma mirada amenazante hundida en el desaliento de la noche, aunando su voz en el mismo grito inefable: - No quiero ser como tú, déjame ser yo.
Sintiéndose esclavo de su imagen, en su grito avinagrado, con sus ganas hechas pedazos, Diego rompe el ESPEJO, fragmentándolo en pequeños trozos que reflejan su imagen caleidoscópica, repetida en mil.
La duplicidad de yoes esparcida en el suelo, deforme, con sus mil rostros angustiados, angulados, molestos, amargos…
Diego se araña la cabeza, se tapa los oídos intenta no oír ese yo que le repite:
- Mírame, mírate, eres gordo.
- Ese, ese no soy yo -grita con los ojos tapados, con los oídos ensordecidos con el alma muda de la no aceptación-.
-Yo no soy eso, yo no me veo así.
Y existen tantos y tantos Diegos como espejos, y tantos yoes que no se reconocen, y tantas miserias, que podría cambiar la historia adjudicándole otro nombre, describiendo, con la misma agonía, esta sociedad de borregos atildados, cuyos balidos resuenan con escarabajos en la boca.

6 comentarios:

Jenni dijo...

Jo!! perdón por la extensión!

Anónimo dijo...

Perdonada hada

Anónimo dijo...

jajaja!! o sease que el gemelo, es el espejo, no hay gemelo, hay espejo.
No acepta el yo de fuera, no se acepta no se ve el mismo, ¿no? O algo así he entendido.
Puntazo jenni.

Viktor Gómez dijo...

Jenni: Buen tema. Quizá perfilar alguna expresión, revisar algún termino te venga a la cabeza en futuras relecturas. A mi se me ocurre por ej.:
"fragmentándolo en pequeños fragmentos" podría fragmentarse en pedazos, secciones, fracciones o lo que veas.

La historia es interesante. La tensión que genera, la angustia, son una pinza sobre el lector que es clave. Y la sorpresa final, un final que trastoque o nos haga pensar en cómo somos, en qué nos agobia o qué rechazamos y qué somos, a pesar de los pesares, justifica el texto, su posible diálogo, otras relecturas.

En esa faceta narrativa te desenvuelves bien, Jenni. Hay que trabajar un poco los textos, revisarlos, quitar lo que no aporte. Ajustar adjetivos sin excederse en definir, creo yo, porque los microrrelatos son casi poemas muchas veces, dado que reurren a una estrategia similar y a unos recursos parecidos, en los que se sugiere, se provoca, se participa extrañeza, se pregunta, con ciertas imágenes que pueden ser comparaciones, metáforas, se genera ritmo por aliteración, se usa a veces la antítesis, el paralelismos, etc.,

Me enrollé, perdón.

Espero que vayas colgando algún relato o prosa más.

Buen miércoles,

Viktor

Jenni dijo...

Lo sé Viktor, lo escribí tan rápido que no lo revisé y se que está poco pulido. Solté la idea, la plasmé casi al mismo tiempo que brollaba...

Gracias pot tu comment, siempre te tomas tiempo con todos.

Un abrazo y buen día para tí también

Luciérnaga dijo...

eterno dilema...

beso, jenni, guapa, buena.