viernes, 30 de mayo de 2008

Me sostengo boca arriba
para no morir de inanición
hasta alcanzar
un estado de equilibrio simbiótico
junto a la pajarera vacía.

Dejo que mis dientes machaquen
cada riesgo asumido
hasta conseguir
una argamasa convincente
sobre la que apoyar un porvenir,
al menos,
un segundo por venir.

La puerta abierta
hacia las yemas de tus dedos.

Acaricias la madera.

Y yo, al igual que la termita
insiste,
rasco la superficie
por curiosidad
o por la convicción férrea
de querer llevarte siempre
más allá de la brutalidad.

Al menos hasta hallar
la savia bruta
y bebernos
celebrando
el final del invierno más largo de todos.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hermoso poema el oublicado por Adrian y esplendidos los dos versos,...La puerta abierta / hacia la yema de los dedos. Antonio Martínez

Anónimo dijo...

Hermoso poema el oublicado por Adrian y esplendidos los dos versos,...La puerta abierta / hacia la yema de los dedos. Antonio Martínez

Nuria dijo...

Magnífico poema. Parece tan sencillo sentirlo, olerlo, tocarlo... está lleno de sentidos

Javier Uve dijo...

Gran poema, Adrián.
Un saludo.