miércoles, 5 de diciembre de 2007

Algún día hablaré algo más claro

Los trenes me producen algo de nostalgia
Siempre de camino de vuelta
Sobre las guerras los hombres
Aquello que existe del medio
Que enturbia el agua clara
Estaba entre las cosas sintiendo
Todo se presta a hacer olvidar
Que
Todos somos uno.

Mi error es igual que el tuyo
Algo más loco
Igual de loco
Que el tuyo
Que no lo sabes
que no lo sé
No se deja de recordar que todo está para olvidarse.
Pensar
Que no sentir
Que eramos distintos...
Los locos apagan la hoguera que les tienden
-los que no quieren alcanzar a ver con la luz de sus ojos-
Toda ella
Con un vaso de agua.
Y les da
Para enjuagarse la mirada

9 comentarios:

Velocet dijo...

El día que hablemos más claro cerrarán todos los manicomios por falta de clientes.

Al menos así me lo enseñaron a mí.

en tierra de nadie dijo...

"Los locos apagan la hoguera que les tienden"...

Me quedo enganchada a ese verso y a vuestra página; la canción de Quique ha terminado de matarme...

(Vengo de la página de Viktor, me dio envidia su crónica de la que montásteis el sábado; si venís a Madrid avisadme, que me apunto; a Viktor llegué a través de Antrología: fructífera y mágica cadena esta de poetas blogueros)

Volveré.

Bss

ETDN

Jenni dijo...

Todos somos uno...todos compartimos conexiones, aunque a algunos les cueste más creerlo que a otros.

Un kiss

Cucaracha homicida dijo...

Hacía tiempo que no tenía ganas de leerte con algo más de tiempo, Sergio.

Confieso haber pasado de largo ante otros muchos versos tuyos, pero me alegro mucho de haberme detenido en este, vaya que sí.

Increible condensación de palabras, compañero. Menos en más, me relamo.

aprendiz de titiritero dijo...

Ya eras panteísta teórico, ahora también pragmático, en el sentido que le dais a esa palabreja los filólogos.

Viktor Gómez dijo...

Sergio:

Quizá debiera llamarte, Mi Capitan, porque en el submarino de tus letras me siento polizonte, cuanto menos un grumete asombradísimo de las riquezas de la profundidad, de lo inextricable del periplo que encamina tu escritura.

A la gran luz del "todos somos uno" se cierne la abisal y aisladora negritud del fondo. Allí donde lo fantástico y lo podrido se juntan, allí donde se olvidan los restos de los naufragios y se mueven animales maravillosos.

Te dije, Nemo, qué pensé que soñaba una vez que un tren era un pez volador?

Al leer hoy tu poema constato y confirmo el poder de uno, -parte del todo que autonoma decide no segregarse del grupo ni someterse, ser eso, uno entre lo multiple- que tu voz eleva, como pez globo que se salva de la acometida hinchándose y creciendo sobre si mismo ante el peligro, casi instintivamente. En tu caso, tu poema crece, se hincha, sobre tí mismo, sobre nosotros, hasta tocar los raíles aereos del gran deseo, hasta rozar las ventanas del tren de lo posible que aún no ha sucedido. Y sucede. Y avanza por tu verso.

Olvidar, recordar, olvidar, olvidar, recordar,
la luz y el agua:

mirar sin ver es de locos,
sólo los poetas del no ver hacen mundo, camino, reto a los dioses que castigaron a Prometeo o maldijeron a Sisifo.

Te sigo, Nemo, en la popa, removiendo tratos, con los ojos muy abiertos, en la aventura del desierto de la sed, del desierto de la luz que no ciega.

Un abrazote,

Tu Viktor

Manual de Antrología dijo...

en ocasiones los más locos terminan siendo los más lúcidos, y si no lo consiguen al menos contagian su bonita locura a los demás. no hay por qué hablar más claro con poemas como este

un saludo!

Luciérnaga dijo...

Había leído este poema con rabia y lo veía feo.

sí con rabia. y sí, feo.

ahora me parece precioso.

Luciérnaga dijo...

Más que precioso a cada relectura.

No sé.

Ahora no lo leo con rabia, lo leo con pupa.

No sé. Ya sabes.