miércoles, 20 de febrero de 2008

No tiene título

De qué sirve, poner

Esclavo de lo que se dice
Sin darle bola a púlpitos que arrojan malabares
Cuando es ardua recogida creer en algo
Y tan sencillo limitarse a crear
Con cada día nuevo
Un letargo alerta
A un paso del salto que le engloba en el todo
Confiado en uno
Que le crea cada día
No hay nada que resista
Ajeno a lo que tiembla dentro
En lo que apoyarse

De qué vale, hablar

Algo tan superfluo
La ruindad más obtusa plano disforme en toda forma
Sobre el color de los corales
Un grado en el ecuador siete grados en los polos
De la cantidad de nuevos parados
Que se mueven por la calle
De los bolsillos llenos de las manos en jarra
De las enfermedades de la tierra
Del anclado latente virus hiriente
De un placer aislado de una intención propia
De un sueño profundo
Como va la intimidad entre el aire

Para qué vale, decir

Ya los murmullos que se encarguen
De cargar el cielo
De pensamiento incapaz
Cuando la sonrisa es lo que mejor frena la lágrima
En la memoria del agua
Si venimos del sitio en que la calma es la norma
Al lugar en que lo de fuera nos forma
Posibilidad como obstáculo para mostrar lo de dentro
Escombro reprimido que deja pasar la sombra
Que agudiza la vista que mira lo que todos
Y lo describe con propia horma de forma fina
Con carácter poético

Con la misma mano esgrimiendo el puñal hipócrita
De una conexión a internet de más de una comida al día

Cuando existe tanto
Tantas cosas
Que eluden las palabras

1 comentario:

Viktor Gómez dijo...

Capitan, la utopía es nuestra política, nuestra cotidianeidad, lo social, lo íntimo, lo soñado, lo escrito, lo andando.

Tu escritura no se rinde, como gustaba Brecht, como entendía Brecht, pertences a esa clase de hombres imprescindibles: los que siempre estan viviendo-luchando por lo mejor para la sociedad, el presente, el mundo.

Y recalcar que todo decir es un entre. Entre acción y acción, pienso, escribo, leo, reordeno, deconstruyo, levanto...


Un abrazote,

Tu Viktor