sábado, 5 de abril de 2008

SOBREMESA

A David González, quien no debiera nunca de dejar de escribir, menos aún ante la estupidez ajena.


*

Limpiándome las manos tras fregar los cacharros. En esas estaba cuando me vino a la cabeza aquello que tantas veces nos han dicho: "no expliques un poema, que lo estropeas". Por esta vez no haré caso.

El asesino
es el poeta.



Viktor Gómez

8 comentarios:

Nuria Ruiz de Viñaspre dijo...

De nuevo las palabras de Víktor, que caen como tormentas de cuchillos en la tierra. Magistral

meigan dijo...

Así, simple y conciso dejas a estos dedos sin expresión y a esta boca sin palabras, magnífico sin duda!

Viktor Gómez dijo...

Ey, Nuria:

Tocuheeeé !!

Tomo nota de esa expresión afilada que atraviesa el texto, la mano, lo porvenir.

Gracias por dejar tu huella,

Viktor

Viktor Gómez dijo...

Meigan:

Qué decir??

Yo tampoco encuentro ahora palabras para agradecerte tu tiempo de lectura y signo compartido.

Gracias, poectora,

Viktor

Julio Obeso González dijo...

Eres un destripa-intrigas: ¿dónde están los viejos y dignos mayordomos, asesinos ellos? Ahora ya no quiero leer más poesía, que sé el final. Por tu culpa bajaré a comprarme el Interviú, después se lo explicas.

Viktor Gómez dijo...

Antes que nada, un mayordomo recitador no tiene desperdicio, seguro.

Sabes por otro lado el cariño que profeso al injustamente tratado personal de servicio, especialmente en aquellas decimonónicas o novísimas novelas de intriga del primer tercio del S XX.

Hoy, con tanta garza, hiena esteparia y tanto florido gay-trinar, sospechar del poeta es casi una observación preclara, un apostar a caballo ganador.

No es esta la primera, ni la segunda intención del casi poema. Pero una vez más una lectura ingeniosa puede salvar un texto mínimo.

Julius, querido Julius... ¡Ay, con lo que tú eras!,

Un abrasso

Tu Viktor

Anónimo dijo...

A mi también me pasan cosas extrañas cuando friego.

Viktor Gómez dijo...

Anónimo:

No es un poema autobiográfico
ni realista en
sentido narrativo.
Quizá ni sea un
poema.

A lo más que yo
llego a entrever
en su relectura
es un pensamiento
escrito en el agua.

Quién sabe de dónde
viene, quién diría
que no lo escuchó
cuando y aún así es
nuevo y con ello no
innova, si acaso si
balbucea ese sentir
vago que puede oír
alguien cuando deja
de pensar o de pen-
sarse.

Buenas noches,

Viktor