jueves, 14 de mayo de 2009




No queremos destruir
Vuestra religión,
Ni aceptarla.
Sólo queremos
Disfrutar de la nuestra.
Casaca Roja


Plegaria
Damos gracias a nuestra madre, la tierra, que nos sustenta. Damos gracias a los ríos y a los arroyos que nos proporcionan el agua. Damos gracias a todas las plantas que nos proporcionan los remedios contra nuestras enfermedades. Damos gracias al maíz y a sus hermanas las habas y las calabazas, que nos dan la vida. Damos gracias a los arbustos y a los árboles que nos ofrecen sus frutos. Damos gracias al viento que mueve el aire y atrapa las enfermedades. Damos gracias a la luna y a las estrellas que nos alumbran cuando se marcha el sol. Damos gracias a nuestro abuelo Hé-no, por haber protegido a sus hijos de las brujas y de los reptiles, y por habernos traído la lluvia. Damos gracias al sol, que ha mirado a la tierra con mirada complaciente. Por último, damos gracias al Gran Espíritu, en quien se encarna toda la bondad y que guía todas las cosas para bien de sus hijos.
Iroqueses.


En la vida del indio sólo había un deber ineludible – el deber de rezar -, el reconocimiento diario de lo Invisible y Eterno. Sus devociones diarias le eran más necesarias que el alimento diario. Se despierta al amanecer, se calza los mocasines y baja hasta la orilla del agua. Allí se echa agua clara y fría en la cara, o se sumerge en ella. Después del baño, permanece en pie ante el amanecer ascendente, frente al sol que baila en el horizonte, y ofrece su oración sin palabras. Su compañera puede precederle o seguirle en sus devociones, pero nunca le acompaña. ¡Cada alma debe encontrarse con el sol de la mañana, la tierra nueva y dulce y el Gran Silencio a solas!
Ohiyesa, sioux santee.


Cada parte de esta tierra es sagrada en el sentir de mi pueblo. Cada ladera, cada valle, cada llanura y cada arboleda ha sido santificada por algún acontecimiento triste o afortunado en días desaparecidos hace largo tiempo. Hasta las rocas, que parecen mudas y muertas, pues se abrasan al sol a lo largo de la orilla silenciosa, se estremecen con los recuerdos de emocionantes acontecimientos unidos a las vidas de mi pueblo, y el mismo polvo sobre el que estáis ahora responde más amorosamente a sus pisadas que a las vuestras, porque es rico en sangre de nuestros antepasados, y nuestros pies descalzos son conscientes del contacto compasivo.
Seattle, suquamish

1 comentario:

Sergio dijo...

Libros como: la sabiduria matutina, de los Indios pieles rojas... Es un buen día para morir, del guerrero indio...El mensaje del Gran jefe seattle al presidente de los EE.UU en 1855...El alma del indio, de Ch. A. Eastman... Hermano el gran espíritu nos ha creado a todos, del Jefe Casaca Roja...O Éramos como el ciervo, del jefe Joseph... Me parecen una muy buena recolección de la cosmología india Norte americana. Donde narran las visicitudes de su tiempo y su amor y confianza por La naturaleza y la Unidad de los seres. Una flecha buena a la diana de lo que somos y hemos olvidado.
Gracias por ser (lo que implica el hacer) aquello que les correspondía.