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viernes, 18 de abril de 2008

Un par de días después

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"De cómo la apariencia casi nunca nos salva
o empeora la fiebre hasta el desmayo"
Julio Obeso
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En apariencia un buho rojo no es un llavero, ni un libro azul una pecera, pero con peces rojos uno si puede colgar las llaves de un reino que si es de este mundo, aunque nos parezca a veces matrixiano. En realidad no hay poema, solo un soplar entre hojas desvencijadas, entre puertas cadudas que ya no abren sino el imposible lugar del canto. ¿hay pájaros? ¿ni tan siquiera nubes? Y ese claror, ¿qué espera?. No es el miedo, es la culpa. Precioso barrizal, largo e imprevisible, en el que uno no avanza sin hundirse hasta el cuello. Neobarroso, decía el poeta. No un río, su limo y su cauce entre.
Del barullo que se apaga y de la espectación. Luego nada. No somos nada, otro par decía al poeta. Entre poetas se tiembla con retardo, con ausencia, en el retorno de lo dicho, navaja inevitable, tajo, tajo, tajante como una verdad irreplicable, madre del silencio. Y no hay pájaros, tampoco el ruido les quiere.

Y yo, mirando por la ventana seguía como seguía un zagal las curvas perfectas de abril a mediodía. Seguía un seguir el movimiento que distrae de aquello que crece a pesar de tanto y todo.

Un par de días después de sopesar la similitud de un bar con la memoria dejaba sobre la mesa el muertecito verderón. De abrir el puño, de sentir su no latido, ¿qué cuentas podrían darse sin mentiros?

Víktor Gómez